29/9/2025
En el debate sobre la transición energética y climática se habla a menudo de energías renovables, electrificación y nuevas tecnologías. Mucho menos visible, pero igualmente decisivo, es el papel de la medición. Sin datos fiables, continuos y detallados, la reducción de las emisiones sigue siendo un objetivo teórico más que operativo. En este sentido, la medición inteligente representa una de las infraestructuras habilitadoras más importantes para la consecución de los objetivos climáticos de la Unión Europea.
La estrategia europea, desde el Pacto Verde hasta el paquete Fit for 55, se basa en un principio clave: no se puede reducir lo que no se mide. Para las empresas de servicios públicos, este principio se traduce en la necesidad de dotarse de sistemas de medición avanzados, capaces de transformar el consumo de energía y agua en información útil para la descarbonización.
La Unión Europea se ha fijado unos objetivos ambiciosos: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 55 % para 2030 y alcanzar la neutralidad climática para 2050 (paquete «Fit for 55»). Para alcanzarlos, no basta con grandes instalaciones renovables o intervenciones infraestructurales a gran escala. Se necesita una transformación generalizada que involucre a las redes, los edificios, las industrias y los comportamientos de consumo.
En este escenario, las empresas de Utilities desempeñan un papel crucial. Son el punto de contacto entre las políticas climáticas y la realidad cotidiana: distribuyen energía, gas y agua, gestionan redes complejas y dialogan con millones de clientes. La medición inteligente se convierte así en la herramienta a través de la cual las estrategias europeas toman forma concreta, transformándose en datos, indicadores y acciones medibles.
Sin embargo, el paso de los contadores tradicionales a los inteligentes no es solo tecnológico, sino también conceptual. La medición ya no es un evento esporádico, útil principalmente para la facturación, sino un flujo continuo de información. Este cambio permite a las empresas de Utilities observar el consumo casi en tiempo real, identificar patrones, anomalías y márgenes de mejora antes invisibles.
Desde el punto de vista climático, el valor es enorme. Los datos de la medición inteligente permiten identificar ineficiencias estructurales, desperdicios energéticos y pérdidas en la red que contribuyen indirectamente a las emisiones. En el sector eléctrico, permiten una gestión más flexible de la demanda, fundamental para integrar cuotas crecientes de producción renovable no programable. En el gas y el agua, permiten reducir las pérdidas que tienen un impacto ambiental significativo, especialmente en términos de emisiones de metano y consumo energético para el bombeo.
Uno de los aspectos menos evidentes, pero más relevantes, de la medición inteligente es su capacidad para hacer que la descarbonización sea medible y verificable. Los datos de consumo permiten estimar con mayor precisión las emisiones indirectas, lo que respalda los modelos de contabilidad del carbono exigidos por la normativa europea y los informes ESG. Además, la granularidad de los datos permite evaluar la eficacia de las políticas de eficiencia energética. Intervenciones como la rehabilitación de edificios, la introducción de bombas de calor o la instalación de sistemas fotovoltaicos pueden supervisarse a lo largo del tiempo, midiendo su impacto real en el consumo y las emisiones. Este enfoque basado en datos está perfectamente alineado con la lógica europea del «pago por rendimiento», cada vez más presente en los mecanismos de incentivo.
Además, los objetivos climáticos de la UE no pueden alcanzarse sin la participación activa de los ciudadanos. La medición inteligente es una de las principales herramientas para transformar al cliente final de sujeto pasivo a protagonista de la transición. A través de portales y aplicaciones digitales, los datos de consumo se vuelven comprensibles y comparables. El cliente puede ver el impacto de sus decisiones, recibir sugerencias para reducir el consumo y comprender cómo y cuándo utilizar la energía de forma más sostenible. De este modo, la medición inteligente contribuye no solo a la reducción de las emisiones, sino también a la difusión de una cultura de la sostenibilidad, en consonancia con los objetivos sociales del Pacto Verde Europeo.
El paquete Fit for 55 exige sistemas energéticos cada vez más flexibles y orientados a la eficiencia. La medición inteligente es un elemento clave para habilitar tarifas dinámicas, programas de respuesta a la demanda y modelos de autoconsumo colectivo, como las comunidades energéticas. El paquete Fit for 55 no introduce una norma única sobre la medición inteligente, sino que crea el contexto en el que esta medida se vuelve indispensable. El aumento de los objetivos de reducción de emisiones, la revisión del ETS y la atención a la demanda energética hacen necesario:
En este sentido, la medición inteligente es una infraestructura habilitadora transversal a todas las políticas Fit for 55.
Sin datos de medición fiables y oportunos, las herramientas legislativas de la UE siguen siendo teóricas. Con la medición inteligente, en cambio, es posible ajustar el consumo a las condiciones reales de la red y a la disponibilidad de energía renovable, reduciendo el uso de fuentes fósiles en momentos de pico. Se trata de una contribución directa y cuantificable a la reducción de las emisiones, perfectamente coherente con las políticas europeas.
Por lo tanto, un aspecto fundamental es el cambio de perspectiva que se exige a las empresas de Utilities. La medición inteligente no debe considerarse únicamente como una obligación reglamentaria impuesta por la UE o las autoridades nacionales, sino como una palanca estratégica para la sostenibilidad. Las empresas que lo integran en una visión a largo plazo logran utilizar los datos no solo para cumplir con las obligaciones normativas, sino también para orientar inversiones más específicas, mejorar la calidad del servicio y reforzar la relación con los clientes. En este sentido, la medición se convierte en un lenguaje común entre reguladores, operadores y ciudadanos, capaz de traducir los objetivos climáticos en acciones concretas y verificables.
En el marco del paquete europeo Fit for 55, la medición inteligente de Terranova se inscribe como infraestructura digital habilitadora entre los objetivos climáticos, la regulación y la operatividad de las empresas de servicios públicos. De hecho, la normativa de la UE se centra en la eficiencia energética, la integración de las energías renovables y la participación activa de los consumidores, ámbitos que requieren datos de medición fiables, frecuentes e interoperables.
Las soluciones de medición inteligente de Terranova responden a estos requisitos al apoyar la recopilación y normalización de datos de múltiples proveedores y tecnologías, en línea con los principios de interoperabilidad y acceso no discriminatorio promovidos por la UE. Esto permite a las empresas de servicios públicos utilizar los datos no solo para la facturación, sino también para habilitar servicios avanzados como la respuesta a la demanda, las tarifas dinámicas, la monitorización del consumo y la optimización de las redes. Desde la perspectiva de Fit for 55, la plataforma se convierte así en una herramienta concreta para reducir el desperdicio y las pérdidas, mejorar la flexibilidad del sistema y favorecer la integración de la generación distribuida. Al mismo tiempo, la disponibilidad de datos de consumo más detallados refuerza el empoderamiento de los clientes finales y la posibilidad de aplicar políticas de eficiencia específicas. En este sentido, la medición inteligente de Terranova no solo cumple con el marco normativo europeo, sino que traduce sus objetivos climáticos en capacidades operativas medibles y escalables para el sector de los servicios públicos.
La lucha contra el cambio climático requiere herramientas concretas, difundidas y fiables. La medición inteligente responde perfectamente a esta necesidad, transformando la sostenibilidad de un principio abstracto en un proceso medible. Para la Unión Europea, representa una pieza esencial para alcanzar los objetivos climáticos; para las empresas de servicios públicos, una infraestructura estratégica sobre la que construir redes más eficientes, servicios más avanzados y una relación más transparente con los clientes. En definitiva, medir no es solo el primer paso para reducir: es la condición necesaria para que la transición climática sea real, controlable y compartida.
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